Una marca legendaria
Castel Pujol creada en 1975 por don Quico Carrau, figura entre las marcas más antiguas en el sector de vinos finos de nuestro país. La presentó al mercado en las clásicas tres versiones: blanco, rosado y tinto, aunque usando una botella muy original. A no dudar, fue su firme decisión de diferenciarse y ganar visibilidad en los comercios, lo que lo impulsó a elegir este tipo de botella, tan poco común. Muchos la tendrán presente, mirada de frente recuerda a una cantimplora y su origen se remonta a Alemania, donde se la conoce como de estilo Franken y es la más común en el estado de Baviera. El Castel Pujol Rosado era muy demandado en los 70, cuando las mujeres y los tintos no coincidían

Los Folklore se sumaron
A lo largo de tantas décadas, esta línea de los Carrau tuvo distintas incorporaciones. Recuerdo haber comentado los Folklore en junio 2021, con etiquetas muy disruptivas creadas por Nicolás “Alfalfa” Sánchez. El artista se inspiró en la fauna que habita y frecuenta los viñedos de Cerro Chapeu y la botella elegida fue la del estilo Borgoña.
Misma botella, tres nuevos varietales
Ahora es el turno de los tres Sinestesia: Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Tannat, envasados también en la botella borgoñona. Al respecto Pía Carrau me decía: “la mantuvimos porque, estamos apuntando a un público joven que aprecia este tipo de botellas. Por eso también le fijamos el precio en la franja del Castel Pujol”.
El artista plástico elegido esta vez, es Antonio Carrau y vale aclarar que no es familiar. Es montevideano, autodidacta y su trabajo se caracteriza por el collage, combinando elementos analógicos y digitales.
¿Porque se llama Sinestesia?
Esa era la pregunta cantada para Pía y su respuesta fue: “Justamente porque el artista utilizó la sinestesia para concretar sus obras de arte, quiere decir que, degustó cada uno de los vinos y en base a lo que él percibió con su olfato, su gusto y la textura en boca, lo plasmó en cada etiqueta”.
Y aclara después:” Queremos que la marca Castel Pujol, siga la tradición de los años 70, que fue bastante disruptiva. Es la que marcó entonces, un cambio en la forma de consumo del vino. El Rosado, un vino leve, fresco, para tomar frío. Sírvase bien frío decía la etiqueta y todo eso era algo muy nuevo. Queremos mantener vivo ese espíritu de la marca, adaptado a la época en la que hoy vivimos”.
Cada uno con su estilo propio
Los fui probando en distintas instancias. El Chardonnay bien frío, a la hora del aperitivo. Lo encontré diáfano, auténtico y bien típico. Me gustó mucho. Al Cabernet Sauvignon le tocó acompañar una tarta gallega y me sorprendió con su cordialidad. Porque uno asocia a esta cepa, con una robustez, que no apareció. Mi mente voló entonces a la explicación de Pía: “apuntamos a un público joven”. Todo bien entonces. El Tannat en cambio, intercalado con unas empanadas de carne, cumplió con su rol. Más corpulento y con los taninos rondando, hizo honor a su aureola de tinto carnívoro.
EDUARDO LANZA
Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Comparte su saber y anécdotas de una forma atractiva desde hace más de 20 años. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino. Nos lo cuenta en un contexto histórico y cultural, y eso también lo hace diferente.