
Hablemos de whisky – Capítulo II
Toda conversación requiere de un lenguaje que pueden ser oral, escrito, visual y hasta sensorial para que exista comunicación. Para hablar de whisky también es necesario y hoy vamos a abordar ese lenguaje tan particular que tienen las bebidas, en este caso el whisky. Hoy y desde esta columna intentaremos responder las siguientes preguntas
¿Cómo se aprecia un whisky?
¿Qué nos puede contar un whisky?
¿Qué secretos esconde?
¿Cómo lo podemos provocar para que nos hable de sus atributos?
Para dialogar e iniciar esa comunicación que va desde la copa a nuestras sensaciones, es importante entender que el lenguaje del whisky surge desde su proceso de producción y se practica, cada vez que degustamos un ejemplar.
Debemos saber que existe un código para expresar las impresiones que el whisky nos causa. Satisfacción o decepción. No importa la sensación que nos genere, lo relevante es estar alertas y conocer ese lenguaje para que se produzca la comunicación entre el whisky y nosotros.
Para eso contamos con los sentidos: vista, olfato y gusto y hasta podríamos incluir incluso el oído. Cuanto más sabemos, más sabores y aromas vamos a encontrar en la bebida que estemos degustando, y sobre todo más vamos a disfrutar.
El conocimiento es un lujo que nos permite vivir una vida con más significados. Unos se detienen donde otros pasan de largo. No es sencillo describir un aroma sin recurrir a una metáfora. Toda expresión humana. ya sea artística, deportiva, científica, necesita de un lenguaje que la defina. Hay un lenguaje para la plástica, otro para la música, para el fútbol, así como para el vino, y por supuesto también para el whisky.
La búsqueda de aromas y sabores es una actividad sensorial. Siempre habrá un aspecto subjetivo desde donde partimos, porque la memoria olfativa es nuestra base de datos desde la cual operamos y juzgamos.
Cuando catamos “explotamos” a la vida. Nuestros sentidos de la vista el olfato, el gusto y el oído nos permiten apreciar el mundo y nos enseñan a mirar y reconocer. Al degustar en forma consciente nos empezamos a comprometer con el mundo. Nuestros sentidos hablan entre ellos. Si pensamos en un limón, el color amarillo vendrá a nuestra mente, así como el sabor cítrico. La miel surge como algo dulce y de color caramelo rojizo.
Si te digo “vamos a probar esa ensalada de hojas verdes” …, tu cerebro enviará inmediatamente información de color verde y quizá el sonido de hojas crujiente y un sabor refrescante. La interacción de nuestros sentidos nos aporta una experiencia sensorial que causa emoción y placer.
En la cata de whisky la información técnica aporta para comprender el whisky que estamos disfrutando. Catar en diferentes lugares, diferentes ambientes producen diferentes emociones, debo y puedo extraer las notas que aparecen en todas las situaciones. También es interesante darse cuenta de que en un ambiente cálido los aromas afrutados se perciben más fácilmente. En cambio, en un ambiente de temperaturas bajas se aprecian mejor las notas minerales.
En este capítulo vamos a comenzar por la vista. Para eso es importante dedicarle unos segundos al líquido servido en la copa. Observando su color y la densidad del mismo, obtendremos información importante sobre el tipo de whisky que nos espera.
El color del whisky es consecuencia del tipo de barrica que las destilerías utilizan, ya sea por normativa de su país de origen o política propia. A eso debemos sumarle los años de añejamiento.
Tradicionalmente se usan dos tipos de barricas de roble para añejar el whisky escocés: Quercus Alba o roble blanco americano o Quercus Robur, roble común español. La barrica de roble blanco imparte tonos de oro amarillo, dorado y la de roble español tonos más rojizos o de caoba. La vista también me permite apreciar el cuerpo del whisky. Llevando el líquido hacia un lado y otro de la copa, podemos ver cómo se forman unas líneas que en lenguaje de cata llamamos: lágrimas, venas o piernas. Si son gruesas y densas el whisky tiene mucho cuerpo y si son delgadas tiene menos. La vista nos brinda esa información y nada más. De lo que este sentido no nos puede hablar es de la calidad del whisky. Para eso será necesario esperar a nuestra próxima entrega, donde abordaremos el sentido del olfato y el gusto.
JUAN CARLOS BAUCHER
Experto en whisky y destilados. Autor del libro “Whisky, agua de vida.". Embajador de las marcas de destilados más destacas del mundo. Se formó en Escocia. Desarrolló los mercados de México, Argentina, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay. Disfruta transmitir sus conocimientos y lo hace con gran pasión en: cursos, talleres, clases magistrales y degustaciones. Al contar el origen de las bebidas, la historia se conjuga con: mitos, leyendas, poesía y la épica de un relato que Juan Carlos hilvana con gran maestría.